Lo que no nos dijeron cuando estábamos embarazadas

maternidad

“El puerperio es una etapa naturalmente perfecta, una metanoia enriquecedora, vital,…¿Por qué una mujer sana y feliz se entristece cuando tendría que ser el mejor momento de su vida? El parto le conduce a un desafío interior, a una búsqueda, a una reconciliación con lo no esperado (…), un cara a cara con una parte propia que rechazamos…

Cuando el hijo ve la luz está tan estrechamente ligado a la madre que no es posible saber donde termina uno y donde comienza otro. Aunque físicamente se hayan disociado, emocionalmente son el mismo ser, la separación se produce mucho más lentamente… La mujer puérpera se sumerge en una etapa en la que la razón deja de funcionar, el reloj temporal se para, se mueve por instintos y ritmos naturales. Ella y su criatura se envuelven en una burbuja que los extrae de la sociedad, del mundanal ruido… 

Hay un pequeño ser humano que sólo desea estar en contacto con lo que durante nueve meses ha sido su universo, el latido del corazón de su madre, su respiración, y sus pechos, que alimentan su cuerpo y su alma.  La sociedad mercantilista y materialista nos dice que nuestro hijo al nacer necesita un carro, una cuna, una mini-cuna, una hamaca, biberones, chupetes, sonajeros… Y un sinfín de cosas innecesarias. Nos engañaron: nuestro hijo sólo necesita nuestros brazos y nuestros pechos.

Todo lo que antes era importante, ahora deja de serlo …  La mujer se mira al espejo y le cuesta reconocerse, y de repente lo que antes era imprescindible se deja a un lado, y deja de conjuntar zapatos, jersey y bolso, mientras corre a atender las necesidades de lo que ahora es realmente importante.

Le dijeron que los bebés duermen mucho, pero no le contaron que lo hacen en minisiestas y que para su tranquilidad era necesario que estuvieran pegados a su madre. Y tendemos a creer que los niños recién nacidos apenas comen de noche y duermen tranquilos en su cuna, adormilados por juguetes carísimos … Nadie nos comunica el secreto a voces del colecho, la necesidad de la cría de estar pegada a la progenitora durante la noche.

Y llega ese momento, en el que pasado el permiso de maternidad, la mujer se da cuenta de que aquello que había planeado acerca de la conciliación familiar de la vida laboral es una falacia. Sufre el hecho de que la separación feliz de su criatura no existe, porque todavía es pronto para que sus energías fluyan distantes, para que cada uno de los dos pueda recorrer un camino por separado.

Y superadas todas las dificultades, descubre que la engañaron, que no fueron unos meses y vuelta a la normalidad, que ahora su realidad es radicalmente distinta y que tiene que adaptarse a otro ritmo que es el que él impone. Que es otra mujer distinta que poco tiene que ver con la que llevaba ese ritmo imparable y tenía las metas profesionales tan claras…

Y al mismo tiempo su nueva vida es la que siempre soñó, un estado en el que se descubrirá a si misma dándose cuenta de que ha olvidado esas inquietudes tan importantes, y que sólo existe el presente y el ahora. Sus necesidades se subordinan a las de ese pequeño que la mira con sus ojos curiosos y  brillantes.

Y te descubres a ti misma mirándote en los azulejos de la cocina mientras sostienes en tus brazos a tu hijo, ambos bailáis una melodía pasada de moda, porque has dejado de prestar atención a las tendencias actuales, has olvidado quien eras y qué querías en la vida, sólo tienes presente y ahoraAgarras su pequeña mano, y sientes y aspiras profundamente el amor verdadero, el sentimiento desinteresado e instintivo del que te habían hablado pero que nunca habías sentido con tanta intensidad, y te ríes a carcajada limpia de todo lo que te dijeron y no era cierto, de todo lo que diste por válido y no ha tenido nada que ver con la realidad…

Pero todo ello no importa, porque ves a tu criatura sonreír y reír contigo, y sois realmente felices juntos. Y te das cuenta de que esto es lo más real que has vivido y que este es uno de los mejores momentos de tu vida”

Textos extraídos del artículo “Lo que no nos dijeron cuando estábamos embarazadas”, de Ana Sabater, periodista y madre. Puedes leerlo completo aquí.

Durante cientos de años poco se ha hablado de los estados emocionales del puerperio. Hoy sí tenemos información pero no se si es que no sabemos buscarla, o que es difícil de entender, o de explicar. El caso es que la mayoría de nosotras llegado el momento nos preguntamos cómo es posible que nadie nos avisara de esto. Pocas mujeres tras dar a luz reconocen abiertamente que están atravesando una etapa difícil, entre otras cosas porque nadie les habló ni les habían advertido, y no van a ser ellas más débiles que las demás… Es una etapa desconocida y muy intensa que saca lo peor y lo mejor de nosotras. Por supuesto que no afecta a todas por igual, siempre he dicho que cada una vive la maternidad a su manera, dependerá de la personalidad de cada mujer, del tipo de parto y de cómo sea el bebé y su estado de salud.

El hecho es que la maternidad lo cambia todo, y te saca del mundo por un tiempo, pero un día volvemos a ser nosotras otra vez. A mí me contaron algo durante la preparación al parto.., y también algo había leído a este respecto… pero no supe entender la intensidad que tiene, o no tomé nada muy en serio, quizá tampoco me hubiera servido saberlo, no lo se. He llegado a la conclusión que no importa si te lo cuentan o no porque antes de ser madres no tenemos la capacidad de comprenderlo bien. La maternidad es algo que hay vivir, y lo único que hay que hacer es dejarse llevar por el instinto.

Imagen: YASODA Y KRISNHA
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s