Los besos no se piden

Una mirada corta, una sonrisa larga y un abrazo infinito…las palabras nuevas que has inventado para mi: “¿mamá, nos amoramos y nos cariñamos en el sofá?”, decirme “te quiero”, tanto y tan natural como pedirme agua, ir dándome besitos en el brazo de camino al colegio, la cháchara alegre y entusiasta con la que cuentas esas cosas para nosotros sencillas y para ti el centro de tu mundo: lo que has hecho en clase, lo que ha ocurrido superimportante, tus logros jugando…, tu dulce ingenuidad, tu docilidad, tu bondad, esa sonrisa transparente que me dice lo que piensas solo mirándote a los ojos, los besos que me regalas cada día acompañados de las palabras que expresan los sentimientos más puros, tus masajes en la espalda que son caricias, tu ilusión contagiosa por las cosas sencillas, cuando me pides que te ayude a cómo respirar para entrar en calma, los besos mariposa, los besos en la boca, los besos que derriten, tus preguntas curiosas y explicaciones acaloradas, tus “y sabes qué…”, los abrazos por la mañana cuando te despierto y el sueño te puede pero el abrazo le gana, nuestros pactos, tu manera de comprender las cosas,...mi niño mayor, cinco años y no se puede ser más cariñoso.

La verdad no tenía pensado sobre qué iba a escribir, ha salido solo. Quizá estas demostraciones sean propias de la edad, y de un carácter cariñoso que ahora exagera al máximo, y que un día se hará muy tenue movido por la vergüenza que da hacerse mayor y demostrar los sentimientos.

Estoy convencida que de una manera u otra, y como dice la canción, cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da…

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Los besos no se piden, los besos se regalan. Y los tuyos son sinceros, desinteresados y puros. Como siempre te digo, los besos no son obligados, e ir a los cumpleaños que nos invitan tampoco. Nuestros actos deberían ser siempre sinceros, de corazón, lástima que el tiempo nos cambie…

Mi nene mayor, cuántos momentos mágicos impagables, momentos buenos y menos buenos, cuántas lecciones de vida y de amor… Tú me convertiste en mamá, y eso solo pasa una vez, con tu llegada me abriste el alma, y eso también solo ocurre una vez, me enseñaste todo, aprendimos juntos, gracias por ser como eres, gracias porque he podido disfrutarte tanto y fue la mejor decisión, gracias por ser el mejor hermano mayor.

Te respeto. Respeto tus miedos, respeto tus ritmos. Lo sabes. A veces pierdo los nervios, soy persona, pero luego siempre te pido disculpas y tú siempre me perdonas.

“Estoy super orgullosa de ti”, “Lo estás haciendo muy bien”, “Te quiero”… son frases que te digo a diario, que te dan confianza.

Leo artículos y libros sobre crianza, alimentación, educación, inteligencia emocional… y lo único que hacen es reafirmar mi instinto, que es a quien sigo. Pienso que dar amor, ser su ejemplo y tener empatía son las bases sobre lo que se asienta todo.

Todo llega y todo pasa, y pasa rápido. Disfrutemos de nuestros hijos ahora que son pequeños y nos dejan. Pasar tiempo con la gente que queremos es siempre el mejor regalo.

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